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miércoles, 19 de diciembre de 2012

NAVIDAD: ¡ALERTA MÁXIMA! (por Escritor de Lomo Ancho)


Para estas navidades, mi amigo, el misterioso "Escritor de Lomo Ancho", nos obsequia con un relato navideño de lo más actual. Conociéndolo, os aseguro que está basado en hechos reales. Espero que lo disfrutéis:

Todos sabemos que estamos en crisis.

            Lo estamos desde hace 4 años. Algunos afirman que desde hace más tiempo, pero no de forma oficialmente admitida. Los medios de comunicación nos bombardean a diario que si con la Prima de Riesgo, que si con la Balanza de Pagos, las cifras del paro y no sé cuántos parámetros desastrosos más.

            Pero no ha sido hasta hoy mismo cuando yo me he dado de bruces con la realidad. Hoy he podido comprobar de forma inexorable que nos encontramos en Crisis. Pero en Crisis de las gordas. Y no ha sido ni el Presidente del Fondo Monetario Internacional, ni el del Bundesbank, ni alto funcionario alguno del Banco Central Europeo quien me lo ha dejado claro.

            No... nada de eso. Ha sido mi madre.
           
        Hoy, como muchos días, he ido a almorzar a casa de mi progenitora y ha sido ella la que se ha encargado de dejar las cosas claras.

            Ha llegado de trabajar, ha soltado el bolso y se ha sentado a la mesa poniendo los brazos sobre la misma. Ahí empecé a pensar que algo grande iba a ocurrir. Algún tipo de "Tormenta Perfecta" estaba a punto de desatarse...

            Una vez sentada y con la vista al frente, sin mirarme ni a mí ni a mi mujer, que me acompañaba en el trance, arqueó la ceja izquierda como sólo ella sabe hacer cuando está a punto de dar una noticia de calado. Ahí es cuando ya se me empezaron a relajar los esfínteres. Estaba claro: se nos venía encima algo tremendo.


            Mi madre es de las que fragua los acontecimientos importantes envueltos en un mutismo sepulcral hasta que un buen día, tras mucho pensar en silencio, suelta la bomba. Así pues, todos aquellos prolegómenos no presagiaban nada más que noticias duras de digerir. Y llegó la confirmación a mis temores:

            —Señores, estamos en Crisis.

            Fueron sus primeras palabras y sonó atronadora su voz. Ríase usted del mismísimo Presidente de los Estados Unidos cuando, en horario de máxima audiencia, paraliza las emisiones de todos los canales televisivos del país y le habla a los ciudadanos. Mi madre deja a Obama, Bush y Reagan juntos, a la altura de colegiales ensayando.

            —Pero mamá, ¿qué pasa? —me atreví a terciar, como para quitarle hierro al asunto.

            —Cállate, niño, que estoy hablando yo —me redujo al ridículo en un tris con esa frase, así que me callé, me senté con cara de niño bueno y prosiguió:

            —He decidido activar con carácter de urgencia el PCEFPTC.

            —¿Que has activado el PD qué...? —pregunté angustiado y asombrado a un tiempo.

            —El Protocolo de Contención Económico Familiar Para Tiempos de Crisis.

            ¡La Virgen! mi madre sonaba como una mezcla de agente especial de la extinta KGB y un neoconservador del ala dura del Pentágono... Nada de bromas, la cosa se ponía seria, pero seria.

            —Estas Navidades he decidido que muchas cosas se van a hacer de otra manera: vamos a celebrar las fechas que se avecinan, por supuesto, pero voy a poner en marcha unos recortes que van a hacer que ese don nadie de Rajoy y la guarra de la Merkel parezcan contables de segunda a mi lado —y con esa entradilla, empezó a enumerar las siguientes medidas anticrisis que componían su plan de choque.

            —La cena de Navidad tendrá de todo, pero pasará a ser transformada de la siguiente forma:

            a) En lugar de pollo o pavo, cenaremos paloma de parque al limón. Niño... tú te encargarás de cazar la paloma.

            —¡Pero mamá...! —intenté quejarme, pero ella ya había puesto un tirachinas que había comprado en una tienda de "Todo a un euro" para que llevase a cabo mi misión.

            b) En lugar de angulas, la Gula del Norte, ni demás chorradas, a las visitas le pondremos un sustituto casero. He comprado una caja de gomillas elásticas de color blanco. Las vamos a cortar en tiritas de unos 3 centímetros de largo y tu mujer le pintará dos ojitos a cada una con un rotulador, que también he comprado. Es de tinta indeleble, de manera que los "ojitos" pintados no se irán cuando las cocinemos. Con un poquito de vinito blanco y limón, pasan por el mejor de los manjares de los mares del norte.

            Yo estaba empezando a sudar, las rodillas me temblaban, el habla no me salía de la garganta... Porque lo peor no era cocinar gomillas para hacerlas pasar por la Gula del Norte, sino que mi madre iba en serio. Siempre va en serio... hay que tener cuidado con una madre sevillana cuando algo le toca los cojones. Y prosiguió:

            c) De comprar arbolito de navidad, nada. Cariño —dijo, dirigiéndose a mi mujer—, tu abuela tiene unos 90 años y no habla mucho ¿verdad? Pues te la traes del pueblo, le ponemos unas cintas, un par de bolas de colores en la cabeza y ya tenemos arbolito. Si te sientes inspirada, la llenas de luces, pero tampoco te pases, que no hace falta. Las visitas no reparan en esas cosas.

            Mi mujer abrió los ojos, pero no se atrevía ni a decir palabra. Creo que estaba todavía en shock por lo de la paloma de parque al limón...

            d) De pata de jamón o paletilla de . ¡Pero ! He comprado un paquetito con tres lonchas de jamón cortado a máquina en la tienda del barrio. Está envasado al vacío y así permanecerá hasta el mismo día 24. Ese día, a las ocho, cero-cero, se podrá abrir el paquete y se colgará de la pared de la cocina. Encima pondré un post-it con las siguientes instrucciones de obligado cumplimiento: "NADA DE CORTAR O MANIPULAR. SÓLO LAMER". Así que cuando alguien quiera una tostadita con jamón, se tuesta el pan, le pone mantequilla o aceite y le da un mordisquito a la tostada. Justo después, se acerca al jamón de la pared y le da un lametón. Así se capta el sabor y no se gasta...

            A mí me iba a dar algo. Tenía en mi mente la imagen matutina de acercarnos al jamón y lamerlo, como quien besa una estampita de San Pancracio en una casa de beatos... Yo sólo quería que alguien me disparara.

            c) Quedan suprimidos los regalitos con carácter inmediato, que somos ya todos muy grandecitos como para andarnos con tato regalito, tanto papel de envolver y tanta tontá.

            Al carajo el portátil nuevo que soñaba para estas Navidades. Pero me aguanté, por supuesto. Aunque mi madre advirtió la decepción en mi cara, así que se dirigió a mí en estos términos.

            —Cari, ya sé que tenías muchas ganas de un portátil nuevo. Tu mujer y yo lo estuvimos mirando en el Carrefour y me he quedado perfectamente con el modelo que te gustaba. Conozco cada detalle estético de ese aparatito.

            —¿Sí, mamá? —los ojos se me iluminaron. Mi madre estaba poniendo en marcha todas aquellas medidas de contención económicas para poderme regalar el portátil de mis sueños... 

            —Sí, hijo mío. Lo tengo todo previsto. Te voy a hacer yo el portátil

            —¿Quéeeee...? —la capacidad de ingenio de mi madre es proverbial, pero no daba crédito a mis oídos cuando afirmó que «me lo iba a hacer ella».

            —Lo que oyes. Tengo ahí un par de cajas de zapatos vacías. Son de color negro, del mismo color negro que ese portátil tan caro que se te ha plantado en los huevos tener. Así que voy a hacer unos cuantos cortes y arreglos para darle la forma de ese puto ordenador que tanto quieres. Se abrirá como un portátil al desplazar la tapa de la caja hacia arriba. Le pintaré la pantalla y el teclado de forma que quedará perfecto. El mismo rotulador que va a usar tu mujer para pintarle los ojitos a las gomillas del Norte es el que voy a emplear.

            Yo estaba que me iba a caer al suelo. Era como estar borracho, pero sin haber bebido ni una sola copa. Y ella proseguía con los detalles técnicos para hacerme más digerible el hecho de que quería hacerme un portátil con una caja de zapatos negra.

             —Le voy a pegar en la parte inferior una calculadora de esas de los chinos, le voy a hacer una apertura en forma de ranura amplia en un lateral, para que puedas meter los CDs... Vamos, que no le va a faltar un detalle. Además, le pienso poner un par de pilas de petaca, para que te dure, que estoy hasta el mismísimo higo de que siempre te quejes de que te quedas sin batería justo cuando estás trabajando.

            Los mareos eran ya insoportables en mi cabeza. Mi mujer se puso una copita de anís del que había encima de la mesa del salón, para soportar el golpe y mi madre aprovechó la ocasión para decirle:

            —Preciosa mía, cuando se acabe la botella, que le queda un culín, la llenas de agua y la vuelves a poner en la mesa. Que el anís y el agua son iguales y da el pego a quien lo ve.

            —¿Pero cómo voy a rellenar de agua una botella de anís, mamá suegra (que es como mi mujer llama a mi madre), si por el pirindolo de la botella, una vez vacía, no se puede meter nada? —no sé ni de dónde sacó la fuerza para llevarle la contraria.

            —¡Pues te buscas la vida, encanto, que aquí todo el mundo tiene que colaborar! Bastante tengo ya con el desarrollo de mi Plan de Acción. ¡Carajo, que tiene una que pensar en todo...! 

            Yo me tuve que ir a la habitación y echarme un ratito porque no podía soportar la tensión. Demasiadas modificaciones de emergencia de golpe. Mi madre acababa de poner la casa en DEFCON 1 y yo nunca he tenido madera de militar de alto rango. Hubiera preferido vivir en un búnker en 1943 y planificar los bombardeos atómicos estadounidenses antes que aguantarle la mirada a mi madre cuando entra en modo "Hasta aquí hemos llegado".

            De manera que hoy me he dado cuenta de que estamos en Crisis.

            Pero tranquilos, no pasa nada. Mi madre lo tiene todo controlado.